En su boletín del cinco de abril, Austin Kleon, dijo lo siguiente:
Si rechazas tus ideas, la parte del cerebro que genera nuevas ideas parará.
Y algo en mi cabeza hizo clic. Entendí qué no debo hacer jamás con la creatividad desbordante de mi hijo y desde dónde debo trabajar la mía. Y qué aliviada me siento ahora mismo, te lo juro.
Dar alas a las ideas, por muy disparatadas que nos parezcan, tiene la recompensa del amor propio y la felicidad. También la de la tolerancia al fracaso y la resiliencia. Y hace la vida más interesante. Pero es que también permite que sigamos teniendo ideas de todo tipo, porque nuestro cerebro adaptado para sobrevivir hace más de lo que nos hace sentir mejor y seguros.
Tener claro que los errores son oportunidades, también ayuda. Y que de una idea sale otra. Y que el proceso de tener la idea, sopesarla, ponerla en práctica y constatar qué resultado en el mundo y qué impacto tiene en nosotros, es muy importante para nuestro aprendizaje. Que eso de que alguien nos diga «esa idea no es buena, piensa otra», aunque lo diga con toda la sabiduría del mundo, es un veneno que actúa lento.
Estoy acostumbrada a las tormentas de ideas. He participado en muchísimas a lo largo de mi vida como diseñadora gráfica, tanto en equipo, como sola, y nunca, nunca, nunca, me he quedado con la primera que ha salido. Pero lo que sí ha pasado, y muchas veces, es que la idea final ha evolucionado de unir varias a la que parecía la más loca y con menos sentido de todas.
Por muy salvajes o incoherentes que parezcan las ideas, son valiosas. Mi frase recurrente en esas reuniones era: «Ya sé que no tiene nada que ver, pero quizá nos dé un hilo del que tirar, ¿qué os parece esto?». Y pensaba en voz alta, para que los demás me escucharan y pudieran unir sus conclusiones y pensamientos a los míos, y la energía creativa se multiplicaba y sentía que los nudos y las barreras que teníamos antes de empezar la sesión desaparecían y dejaban aire fresco y risas.
Las ideas son gratis y se debe ser generosa con ellas. Son semillas muy tiernas que necesitan agua, sol y tierra; no joyas que deban encerrarse bajo cien candados. No tiene sentido ser un Gollum de las ideas porque, lo realmente importante no es la idea en sí, sino tu visión o la innovación que haces de ella. Y hay ejemplos de estos a patadas en todas partes.
Así que ya te parezcan buenas, malas, geniales, abstractas, a destiempo… como sea, las ideas siempre son útiles y remueven. Tanto si se quedan en la forma de un pensamiento, como si se materializan en la sociedad. Tanto si dan fruto, como si no.
Y quien no se permite tener ideas es un esclavo.
Y quien no permite que se tengan, un tirano.
¿Sabes qué me ha ayudado también a dar más valor a mis propias ideas? Ser una señora de mediana edad.
Hace unos días hablaba con dos amigas a las que quiero mucho sobre lo de cumplir años y las crisis de la mediana edad. Y, aunque a mí en principio me costaba hacerme mayor (no en vano todavía conservo un diente de leche) me sorprendí al reconocer que ahora estoy encantada. Tengo cuarenta y tres años, mi trabajo me ha costado llegar hasta aquí medio cuerda y con una salud aceptable, y ¡qué leñe, no quiero que me quiten ese mérito!
Aunque mis valores se han mantenido casi inalterables, mis ideas han evolucionado con las canas. Y ahora son más libres. Sí, las de la señora de mediana edad son más libres que las de la adolescente o la veinteañera. Y algunos dirán que es una locura transitoria por culpa de Urano y Neptuno, pero a mí me parece que simplemente me he dado cuenta de que no puedo seguir dándome el lujo de aguantar situaciones de mierda mientras me quejo de mi mala suerte.
Que las ideas configuran realidades, no es nuevo. Que cambian prioridades, que a través de la edad amplían las perspectivas y nos hacen más sabias, que remueven la sociedad y vuelven muchos sueños terrenales, tampoco.
Así que, que no sea por ideas. Busca nuevas, transfórmalas, defiéndelas, lánzalas al mundo. Utilízalas para romper muros, evolucionar y cambiar tu vida.
Es una cuestión de salud y supervivencia. De vida o muerte.
Y para mí ahora, que estoy en la mitad matemática de la vida estándar, una cuestión de rebeldía y principios. Una herencia que quiero sembrar para mi hijo.
No permitas que nadie te quite el derecho a tener tus propias ideas. Y a cambiarlas cuando te dé la gana.
Ni tirano, ni esclavo: libre. Siempre libre.
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Qué bueno, María. Y sí, yo creo que la mediana edad ayuda mucho con todo ☺️😘
Esto de que tu cerebro aprenda que tus ideas no son bien recibidas es, sin duda, importante en edades tempranas. No se me ocurre nada más triste que un/a niño/a rebosante de ideas ilusionantes que acaba auto-limitándose de forma inconsciente porque aprendió que estas no eran necesarias o aceptadas.